Carl Lewis, el mítico Hijo del Viento, es uno de las leyendas vivientes del deporte mundial. Aun suponiendo que ya todos le conoceréis, repasemos brevemente su trayectoria y éxitos deportivos. Lewis estaba especializado en las pruebas atléticas relacionadas con la explosividad. Empezó destacando en el salto de longitud, pero siempre será recordado por sus increíbles sprints en las pruebas de los 100 metros lisos. Logró diez medallas olímpicas (nueve oros) y, en los Campeonatos del Mundo de Atletismo disputados entre 1983 y 1993, ocho oros y un bronce.

Y de uno de estos campeonatos del mundo os quiero hablar hoy. Nos situamos en 1991, un año antes de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Carl Lewis reinaba, conjuntamente con su compatriota Leroy Burrell, las pruebas de velocidad a nivel mundial. Por aquél entonces ya ostentaba seis de las nueve medallas de oro olímpicas que lograría en su exitosa carrera. Además, en 1987 había establecido la nueva plusmarca mundial en los 100 metros lisos, consiguiendo correr la distancia en 9,92 segundos, un récord que seguía vigente cuatro años después. Hasta que llegó su compañero de selección Leroy Burrell quien, en una prueba preparatoria disputada en Nueva York, batió la plusmarca de Lewis rebajando la nueva meta mundial a los 9,90 segundos.

Pero Carl Lewis, competidor nato, recogió el guante. Aquél año Tokio acogía Campeonato del Mundo de Atletismo y fue el escenario de un hito histórico. En la prueba final de los 100 metros lisos, sucedió esto:

Carl Lewis batió nuevamente el récord mundial de los 100 metros, rompiendo por primera vez en la historia la frontera de los 9,90 segundos: situó la nueva marca en 9,86, alzándose por tercera vez como campeón mundial. Además, de ocho corredores que participaban en la final, fue la primera vez que seis obtuvieron marcas por debajo de los 10 segundos, convirtiendo la carrera en una de las más disputadas de la historia. Lewis consiguió recuperar el honorífico título de ser el hombre más veloz del mundo en la carrera que, muchos, consideran la mejor de la historia de la competición.

¿Y porqué os cuento yo todo esto? Pues bien: más tarde, repasando su trayectoria deportiva, el Hijo del Viento reconoció que 1991 fue su mejor año como atleta. Además, añadió que esto se debía, según su opinión, al hecho de que en 1991 llevaba un año realizando dieta vegana, hecho que le permitió aumentar su bienestar y rendimiento.

Así pues, la historia de uno de los mayores deportistas de todos los tiempos y del que fue su mejor año nos demuestran que llevar cualquier tipo de dieta vegetariana no está reñido con ninguna práctica deportiva. Todo depende de conocer que necesita tu cuerpo y dárselo, eso es todo. Existen muchos más ejemplos de deportistas de elite que siguen algún tipo de dieta vegetariana; algunos de ellos en deportes de resistencia como el tenis (Martina Navratilova) o una de las modalidades deportivas más exigentes del mundo, el triatlón, con el vasco Eneko Llanos compitiendo al máximo nivel, o Dave Scott, considerado uno de los mejores triatletas del siglo XX.

Con estos ejemplos se diluye la falsa teoría de que vegetarianismo y deporte son prácticas incompatibles. La siguiente pregunta es, lógicamente, cómo deben compaginarse ambos estilos de vida y qué se debe tener en cuenta para hacerlo correctamente. A ello vamos. Investigaremos sobre el tema y en breves os lo contamos.

Buenas noches o buen día o buena tarde, depende de donde vivas.

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Autor del artículo

xavi Xavi
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  • Karina

    Buenísima la imformación que publicas, mi medico en argentina se la pasa haciendo me estudios para poder determinar que no es saludable ser vegetariano, y hasta ahora lo resultados son mejores que cuando no lo era. Y eso que soy muy nueva en el tema, y todavía me cuesta mucho equilibrar mi alimentación. Karina